18 de septiembre de 2014

Beneficios terapéuticos de los mandalas

La creación de mandalas ––término sánscrito que significa “círculo sagrado”–– suele definirse como una actividad con enormes beneficios para quien se embarca en ella. Y si bien todos los que han trabajado con mandalas lo saben por experiencia propia, también desde afuera del campo del arte se ha hecho, y se hace, referencia a los beneficiosos efectos de crear mandalas.
Vale aclarar, en primer lugar, que los mandalas pueden ser de diversos tipos: los hay pintados sobre papel, sobre vidrio, tejidos…

Algunas visiones sobre los mandalas

Ya en la primera mitad del siglo XX, el renombrado psicólogo Carl Jung abordó el tema de los mandalas y su importancia no solo como identificadores de desequilibrios emocionales de las personas ––pues los consideraba la expresión visual de la mente en un momento dado––, sino como un medio para otorgar el balance que el paciente necesitaba. De sus experiencias, Jung concluyó que los mandalas tienen propiedades relajantes y curativas.

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El psicólogo Carl Jung fue un estudioso de los mandalas.

Por su parte, Carol Delue, terapeuta del arte, comprobó el papel que la experimentación con mandalas jugaba en niños de hasta 10 años de edad; bastaban solo cinco minutos pintándolos para que los niños se relajaran.
Otros estudiosos del tema verificaron una ostensible mejora en la capacidad de concentración de gente con déficit de atención; el equilibrio logrado por pacientes con discapacidades mentales, y la reducción de la ansiedad y el estrés. Incluso hay institutos en los que se les recomiendan a los pacientes oncológicos.

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Mandala pintado. Es una de las muchas posibilidades que podemos explorar.

A pesar de que hay otros estudios que no comprueban nada de esto, los defensores de los mandalas y los terapeutas que se apoyan en el arte se muestran críticos de la metodología a la hora de recabar los datos, y del poco tiempo de experimentación que se les da a los sujetos, hecho por el cual los beneficios no llegarían a traducirse en cifras específicas, como la frecuencia cardíaca, presión arterial, temperatura corporal y otros.
Sea como sea, no hay nadie que, luego de trabajar con mandalas, no asegure que se siente relajado, más tranquilo, que ha logrado concentrarse y sacar a relucir su creatividad…

Para recapitular: beneficios de los mandalas

Más allá de los datos cuantitativos con que la ciencia trata de determinar los beneficios de tal o cual actividad, hay que decir que no todo es reducible a cifras. Porque, como decíamos más arriba, al margen de los números, todos los que crean mandalas aseguran sentirse mejor.

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Mandala tejido de ocho puntas.

Aquí enumeraremos algunos de esos beneficios: son recomendables para todas las edades, y no hay casi nadie que no pueda experimentar; la juventud, la vejez, la enfermedad y la discapacidad no son impedimentos para explorar el mundo de los mandalas. Cumplen un rol importante en la relajación, estimulan la creatividad, propician la apertura de la mente y la concentración. No menos relevante es el autodescubrimiento, la reunión con la propia intimidad, ya que, mientras se crea un mandala, la persona se aísla de las influencias externas y consigue una comunicación e identificación total consigo misma. Además, son muy recomendables para levantar la autoestima, pues… ¿quién no se siente mejor al ver que puede llevar a la realidad aquello que ha planeado?
Los cultores acérrimos de los mandalas aseguran que tener uno colgado en casa nos llena de energía positiva y protegerá nuestra salud, que poner uno en un negocio traerá prosperidad…
Eso es otro asunto: las creencias son personales. Al fin y al cabo, lo que más importa es lo que uno siente, y nadie puede venir a cuestionarlo, ni siquiera con un manual de ciencia bajo el brazo.
¿Y qué dices: comienzas hoy con los mandalas?

Hoy en la Salud, Actualizado el: 9/18/2014


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